CYT
70 millones y ninguna flor
Milei pone en jaque a la ciencia y a la investigación
Con relación al 2023, el año pasado se destinaron U$S 70 millones menos que habían sido aprobados por organismos internacionales para inversión en CYT.
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Por Hernán Hamra
El desfinanciamiento de la ciencia y la investigación es uno de los temas más delicados y preocupantes en el contexto de las políticas actuales del gobierno de Javier Milei. Una discusión saldada hace tiempo porque ya nadie la cuestiona (salvo el Presidente y su entorno) es que la ciencia y la investigación son el motor para el desarrollo y el progreso de un país y que su desfinanciamiento pone en riesgo el futuro de la innovación, la educación superior y el bienestar colectivo. . Sin embargo, las medidas adoptadas por este gobierno parecen alejarse de este principio esencial. ¿Por qué?
El discurso del actual presidente sobre la necesidad de recortar el gasto público y reorientar los recursos hacia otras áreas económicas fue siempre una de sus principales ideas. No obstante, la ciencia no debe ser vista como una carga, sino como una inversión estratégica para el crecimiento de la nación. Reducir los fondos destinados a la investigación científica y tecnológica significa frenar el progreso, limitar las oportunidades de formación de nuevas generaciones de científicos y, en última instancia, cerrar las puertas a soluciones locales a problemas globales. En definitiva, exportar conocimiento a través de proyectos de ciencia es una forma de obtener dividendos para el país, salvo, claro está, que la intención se limite simplemente a que Argentina continue siendo un país subdesarrollado donde sólo rija el mercado y los capitales privados con intenciones de una política agrimensora del territorio argentino para repartirlo como en épocas de la Colonia.
A través de organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Argentina recibió fondos de los cuales en 2023 destinó a través de la Agencia I+D+I (Organismo descentralizado y autárquico pero que depende de la Secretaría de Investigación, Ciencia y Tecnología, es decir, el Gobierno de Milei), destinó unos 93 millones de dólares mientras que el año pasado, 2024, la cifra se redujo a unos 23 millones, algo así como 70 millones menos que, como ya hemos dicho, provenían de organismos internacionales con el objeto de promover e incentivar la generación de conocimiento para mejorar procesos y productos que aporten a la calidad y mejoras de condiciones específicas.
Ahora, la demanda
En virtud de esta situación, en febrero se presentó una denuncia firmada por más de 2000 referentes de la ciencia y promovida por la Red de Autoridades de Institutos de Ciencia y Tecnología (Raicyt), para advertir sobre la falta de ejecución de los presupuestos y los recortes en el área.
Desde el Gobierno no niegan que esos fondos ingresaron, pero según el vocero presidencial, Manuel Adorni, “los fondos están aún sin ejecutar y nosotros los ejecutaremos en lo que consideremos correcto”. Más claro…

Para el investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones (CONICET), Martín Rumbo, “la denuncia está basada en distintos aspectos de mal funcionamiento de la Agencia I+D+i, que es uno de los organismos principales de ejecución de los prestamos BID destinados al sector científico”.
La ciencia y la investigación no solo generan conocimiento y avances, sino que también tienen un impacto directo en la economía y la calidad de vida. Las inversiones en ciencia pueden traducirse en innovaciones tecnológicas que fortalezcan sectores clave como la agricultura, la medicina, la energía y la industria. Además, la ciencia es un motor fundamental para la creación de empleos de alta calidad, la transferencia de tecnología y el desarrollo de nuevos mercados.
El recorte de presupuesto en ciencia no solo debilita el sistema educativo y la capacidad investigativa del país, sino que también envía una señal errónea a la comunidad internacional sobre el compromiso de Argentina con el desarrollo sostenible y la innovación. Los países que comprenden el valor de la ciencia, como Alemania, Estados Unidos y China, continúan apostando fuertemente en ella, aún en tiempos de dificultades económicas, porque saben que el futuro depende de las soluciones que se desarrollan en los laboratorios y universidades.
Comenzó el éxodo
Por otro lado, el desfinanciamiento de la ciencia ya está generando un éxodo de científicos, investigadores y profesionales altamente capacitados, que en busca de mejores oportunidades optan por emigrar. Este fenómeno, ya palpable en algunos sectores, solo empeoraría la situación de la ciencia en la Argentina, reduciendo aún más el capital humano necesario para avanzar en proyectos clave para el desarrollo nacional.
Para el científico argentino Alejandro Díaz-Caro, la situación no tiene precedentes: “No recuerdo haber visto un ataque así a la ciencia en mi vida”, esto lo llevó a tomar la difícil decisión de abandonar su país y marcharse a Francia, ante el desfinanciamiento y la crisis que atraviesa el sistema de ciencia y tecnología bajo el Gobierno del presidente libertario.
En lugar de recortar los presupuestos de ciencia y tecnología, lo que se requiere es una mejor planificación y gestión de los recursos. La inversión en investigación no debe ser vista como un gasto, sino como una inversión con retorno a largo plazo. Un país que no invierte en su futuro científico y tecnológico está condenando a sus generaciones venideras a vivir de espaldas al progreso.
En conclusión, el desfinanciamiento de la ciencia e investigación bajo el gobierno de Javier Milei representa una peligrosa tendencia que podría frenar el desarrollo de Argentina en múltiples frentes. La ciencia no es un lujo, es una necesidad que debe ser protegida y promovida con decisión. La clave para superar los desafíos del futuro reside en la capacidad de generar conocimiento y soluciones innovadoras, algo que solo será posible si se asegura la financiación adecuada para la investigación científica.
Ya nadie cuestiona que estas políticas libertarias han puesto a la CYT al borde del jaque mate. Las decisiones del “León” devenido en rey sobre un tablero de ajedrez hace marchar a sus peones al ritmo ilusorio de que la Libertad Avanza sin entender que no hay libertad posible si un país no genera recursos en investigación, ciencia y tecnología, pero cuidado, los reyes también se equivocan y de tanto en tanto, el único movimiento que les queda en el tablero es esa famosa L, y no la de la Libertad, sino la que solo puede hacer el caballo