Salud
Una enfermedad silenciosa
Los peligros de la Hipertensión Arterial
Las nuevas recomendaciones médicas proponen prestar atención a valores más bajos para detectar riesgos a tiempo. El foco está puesto en la prevención y en el rol clave de los hábitos y el autocontrol.
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Por Hernán Hamra
Nuevas recomendaciones médicas impulsan controlar la presión arterial desde valores más bajos para detectar riesgos a tiempo y prevenir enfermedades cardiovasculares. Las principales sociedades médicas del país, como la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA) y la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), actualizaron recientemente sus guías en base a la evidencia científica internacional más reciente. El objetivo es claro: detectar antes los riesgos y prevenir complicaciones.
Para entender el cambio, primero hay que recordar que la presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre al circular por las arterias. Ese valor se expresa con dos números: la presión sistólica (la máxima, cuando el corazón se contrae) y la diastólica (la mínima, cuando se relaja entre latidos).
Durante años, se consideró hipertensa a una persona con valores iguales o superiores a 140/90 mmHg. Ese número sigue siendo hoy el punto de referencia para el diagnóstico en consultorio. Sin embargo, el nuevo enfoque propone prestar atención incluso antes de llegar a ese umbral.
En ese sentido, la directora de la Licenciatura en Enfermería de la UNDAV, Mg. Mariana Altuzarra, remarcó que “el control de la presión es fundamental, no solo para detectar patologías como la hipertensión arterial, sino también para conocer los valores de nuestro cuerpo”. Además, advirtió que mantener la presión controlada “previene infartos, accidentes cerebrovasculares, daños renales y problemas de visión”, incluso en personas sin síntomas.
La hipertensión puede no dar síntomas, pero sí consecuencias por lo que controlarse a tiempo permite prevenir infartos, ACV y daño renal.

Actuar antes para prevenir
Los especialistas advierten que niveles que antes se consideraban “normales altos” (entre 130/80 y 139/89 mmHg) ya pueden aumentar el riesgo de problemas cardiovasculares. Por eso, aunque el diagnóstico formal sigue fijado en 140/90 mmHg, en muchos pacientes el objetivo ahora es mantener la presión por debajo de 130/80.
Altuzarra explicó que esto es clave porque “la hipertensión suele ser asintomática”, es decir, puede estar presente sin manifestaciones claras. “Muchas veces las personas ignoran los síntomas o los desconocen, permitiendo que se produzcan daños en arterias, corazón, cerebro y riñones sin aviso”, señaló.
Cómo se clasifican ahora los valores
Las guías actuales detallan con mayor precisión los niveles de presión arterial:
• Óptima: menos de 120/80 mmHg
• Elevada: entre 120 y 129 de sistólica
• Normal alta: entre 130/80 y 139/89 mmHg
• Hipertensión: 140/90 mmHg o más
Esta clasificación permite intervenir antes con cambios de hábitos y evitar, en muchos casos, el uso de medicamentos.
La presión también se controla en casa
Otra de las novedades es la importancia de medir la presión fuera del consultorio. El monitoreo domiciliario permite detectar situaciones como la “hipertensión de guardapolvo blanco” o la hipertensión enmascarada.
Sin embargo, la especialista advirtió que existen errores frecuentes: “el más común es no medirse nunca la presión”. También recomendó hacerlo preferentemente por la mañana, en reposo, sentado correctamente, con el brazo a la altura del corazón y evitando moverse durante la medición. Incluso sugirió vaciar la vejiga antes del control, ya que puede influir en los valores.
El rol de la enfermería en la prevención
En este escenario, la enfermería cumple un papel clave en la detección temprana y en la educación sanitaria. Desde la UNDAV destacan que el control periódico es una de las herramientas más simples y efectivas para prevenir enfermedades.
Altuzarra subrayó que el autocontrol “permite ajustar tratamientos a tiempo, especialmente en personas mayores, embarazadas o con factores de riesgo como obesidad, tabaquismo o sedentarismo”. Además, recomendó comenzar con los controles desde edades tempranas: “la hipertensión puede aparecer por predisposición genética o por hábitos poco saludables”.
Menos sal, más movimiento y controles periódicos: tres claves simples que pueden evitar que la presión se convierta en un problema mayor.

Más controles, pero no siempre más medicamentos
El nuevo criterio implica que más personas deberán controlar su presión, pero no necesariamente medicarse. En muchos casos, la primera línea de acción son los cambios en el estilo de vida.
“Para mantener parámetros estables es clave un cuidado integral”, explicó la especialista. Entre las principales recomendaciones mencionó realizar actividad física diaria como una caminata de 30 minutos y reducir al mínimo el consumo de sal. “En personas con hipertensión, directamente se debe cocinar sin sal, ya que el sodio eleva los valores de presión”, agregó.
El cambio de enfoque apunta a reducir enfermedades cardiovasculares, que siguen siendo la principal causa de muerte en Argentina y en gran parte del mundo.
Por eso, el mensaje es claro: controlar la presión arterial de manera regular puede marcar la diferencia. En definitiva y tal como sintetizó la directora de la Licenciatura en Enfermería de la UNDAV: “Tu salud es tu mayor riqueza, cuidala”.