Comunidad
Una problemática que crece
El boom de las apuestas durante el Mundial reavivó el debate sobre la ludopatía en jóvenes
El incremento preocupa por su impacto en la salud mental y la naturalización del juego en los entornos digitales. La Lic. Esp. Laura Vacca, integrante del Grupo de Estudios de Enfermería en Salud Mental de la UNDAV, analiza las causas del fenómeno y los desafíos para su prevención.
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Por Diego Orcoyen
El Mundial de fútbol terminó, pero dejó al descubierto un fenómeno que ya venía creciendo y que durante el torneo alcanzó una visibilidad inédita: el avance de las apuestas online entre adolescentes y jóvenes. La presencia constante de casas de apuestas en transmisiones deportivas, camisetas, estadios, redes sociales e influencers volvió a instalar el debate sobre la ludopatía digital y sus consecuencias en la salud mental.
El informe “El Mundial de las apuestas on line”, elaborado por la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, advierte que los grandes eventos deportivos funcionan como un poderoso escenario de promoción para las plataformas de juego. La investigación señala que la publicidad asociada al fútbol contribuye a naturalizar una práctica de riesgo y a disminuir la percepción de sus consecuencias, especialmente entre las juventudes.
Entre otros aspectos, el informe elaborado por Walter Martello, defensor del Pueblo Adjunto bonaerense, registró un preocupante incremento del 6.200% en las búsquedas digitales de plataformas de apuestas durante la final entre Argentina y España, y que hubo un aumento del 350% en el interés por los juegos en línea. Además, recalca que las denominadas pausas de hidratación sirvieron para multiplicar las apuestas en vivo.
En diálogo con ADN | UNDAV, la Lic. Esp. Laura Vacca, integrante del Grupo de Estudios de Enfermería en Salud Mental (GEENSAME) del Departamento de Salud y Actividad Física de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV), explicó que el problema no puede reducirse a decisiones individuales ni a una supuesta falta de voluntad.
“Las apuestas online son parte de un emergente social que marca un signo de época, y este fenómeno complejo nunca puede comprenderse por una sola causa. Cuando hablamos de apuestas online desde una mirada de salud mental comunitaria es fundamental dejar de preguntarnos solamente por qué una persona apuesta, para empezar a preguntarnos qué contextos favorecen que eso ocurra”.
Un fenómeno atravesado por la crisis y la tecnología
La especialista sostiene que el crecimiento de las apuestas digitales debe analizarse en relación con la expansión de internet, la economía de las plataformas y las condiciones sociales actuales. En contextos de crisis económica, incertidumbre y dificultades para proyectar un futuro, las plataformas ofrecen una promesa de ganancia rápida y accesible desde el teléfono celular.
Vacca describe un ecosistema diseñado para captar y sostener la atención de los usuarios: disponibilidad permanente, métodos de ingreso de dinero mediante billeteras virtuales, resultados inmediatos y estímulos visuales pensados estratégicamente para reforzar la experiencia de juego.

También advierte sobre la facilidad con la que muchos menores logran acceder a estas plataformas, a pesar de que el juego de azar está prohibido para menores de 18 años.
El dato que encendió las alarmas
Uno de los aspectos más preocupantes es la temprana edad de inicio. Según datos de UNICEF y UNESCO (2025), casi uno de cada cuatro adolescentes argentinos de entre 12 y 17 años manifestó haber apostado dinero online al menos una vez. El ingreso a esta práctica se produce, en promedio, alrededor de los 13 años, y se concentra principalmente en apuestas deportivas vinculadas al fútbol.
Para Vacca, la combinación de publicidad masiva, accesibilidad tecnológica y normalización social genera un escenario particularmente riesgoso: “La combinación de todos estos condicionantes promueve el consumo de apuestas online de una forma cada vez más creciente en toda la sociedad y disminuye la percepción de que se está arriesgando dinero real.”
La especialista agrega que existe además un componente biológico: las apuestas activan el sistema de recompensa cerebral y favorecen la liberación de dopamina, neurotransmisor asociado al placer, la motivación y el aprendizaje. La expectativa de obtener una ganancia —incluso más que la ganancia en sí misma— refuerza la conducta y favorece su repetición.
Cuando el juego deja de ser recreativo
El foco no está únicamente en la cantidad de dinero apostado, sino en la relación que la persona establece con el juego y en las consecuencias que esa conducta genera en su vida cotidiana.
“El consumo problemático de apuestas aparece cuando el juego deja de ser una actividad recreativa y comienza a ocupar un lugar central en la vida de la persona, afectando su capacidad de control, sus vínculos, su economía y su cotidianidad”.
Entre las principales señales de alerta, Vacca menciona la preocupación constante por apostar, revisar resultados o recuperar el dinero perdido, el aumento progresivo del tiempo y del dinero destinado al juego y la utilización de recursos económicos destinados a otras necesidades.

También pueden aparecer cambios en el comportamiento, como aislamiento, irritabilidad, agresividad cuando no se puede jugar, alteraciones del descanso por permanecer conectado durante la noche y abandono de actividades habituales.
Impacto emocional, social y académico
La ludopatía digital no se limita a un problema económico. Sus efectos se extienden a la salud emocional, los vínculos y las trayectorias educativas.
Vacca explica que el consumo problemático puede generar conflictos familiares, pérdida de confianza, discusiones por dinero y dificultades en la comunicación, especialmente cuando la persona siente la necesidad de ocultar su conducta. En muchos casos, el problema se hace visible recién cuando aparecen deudas o se utilizó dinero ajeno.
En el ámbito educativo, las consecuencias pueden incluir ausentismo, dificultades para concentrarse, problemas para organizar el tiempo, incumplimiento de tareas y abandono de materias.
La especialista aclara, sin embargo, que el impacto depende de la frecuencia e intensidad del consumo, de las características personales y del contexto de cada persona.
La normalización del riesgo
Uno de los puntos centrales del análisis de Vacca es el efecto de la publicidad y de la cultura deportiva sobre la percepción del riesgo: “La presencia constante de apuestas en redes sociales, triunfos deportivos, camisetas, publicidades e influencers hace que una actividad riesgosa se perciba como algo cotidiano, divertido y socialmente aceptado”.
La entrevistada señala que las apuestas suelen asociarse con el éxito, el conocimiento deportivo y la posibilidad de “hacer plata rápido”, mientras se invisibiliza que se trata de un negocio cuyo funcionamiento depende de que la mayoría de los usuarios pierda dinero.
“Además, se instala la idea de que, si una persona conoce mucho de fútbol o de un deporte puede controlar el resultado, cuando en realidad sigue existiendo un componente de azar. Esta naturalización hace que, especialmente entre los jóvenes, disminuya la percepción del riesgo y que sea más difícil reconocer cuándo una práctica recreativa empieza a transformarse en un problema”.
Por eso, sostiene que las campañas de prevención no pueden limitarse a mensajes prohibicionistas: “Por eso no alcanza solamente con decir ‘no apuestes’. Es necesario generar más información, hablar de cómo funcionan estas plataformas y promover una mirada crítica sobre los mensajes que transmiten la publicidad y las redes sociales”.
El rol de la universidad pública
Frente a esta problemática, Vacca considera que las universidades públicas tienen una responsabilidad clave como espacios de formación, producción de conocimiento, cuidado y construcción comunitaria.
La UNDAV desarrolla distintas acciones a través del Programa de Políticas Integrales en Salud Mental de la Secretaría de Bienestar Universitario, que incluye un Espacio de Escucha en Salud Mental y articulaciones con dispositivos territoriales especializados en consumos problemáticos.

Además, la Universidad cuenta con la materia optativa transversal Introducción a la Salud Mental Comunitaria, desarrollada en conjunto con el GEENSAME, donde se abordan específicamente los consumos digitales, la ludopatía y las apuestas online.
La Secretaría también impulsa actividades de visibilización, como la Semana de la Salud Mental y el Curso de Promotores en Salud Mental, destinado a estudiantes, docentes, no docentes y graduados/as.
Para la especialista, la investigación y la producción de datos son herramientas fundamentales para comprender el fenómeno y diseñar estrategias de intervención basadas en evidencias.
Enfermería y trabajo interdisciplinario
Desde el campo de la enfermería en salud mental, Vacca destaca el valor del contacto cotidiano con las personas, las familias y la comunidad como una oportunidad para detectar tempranamente situaciones de riesgo.
La escucha activa, la construcción de vínculos de confianza y la articulación con equipos interdisciplinarios permiten abordar un problema que muchas veces permanece oculto por vergüenza o miedo al juicio social.
El trabajo conjunto con otros profesionales facilita estrategias de detección temprana, acompañamiento, reducción de riesgos y articulación con dispositivos comunitarios o de internación cuando la situación lo requiere.
“Pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino un paso muy importante para empezar a recuperar el control. Sentir vergüenza o pensar que todo depende de la fuerza de voluntad suele hacer que muchas personas demoren en la búsqueda de ayuda, y necesitan saber que las apuestas online están diseñadas sofisticadamente para captar la atención y favorecer que las personas sigan jugando.”
Para la especialista, la recuperación es posible cuando las personas cuentan con acompañamiento y redes de apoyo. Frente a una problemática cada vez más presente entre adolescentes y jóvenes, consideró que el desafío es construir estrategias de prevención, escucha y cuidado colectivo que permitan abordar el fenómeno sin estigmatizar ni culpabilizar a quienes lo atraviesan.