Comunidad y Formación

Running Social

El auge del deporte también se estudia en la universidad pública

Correr, entrenar y moverse en grupo se convirtió en una nueva forma de conectar, socializar y hasta enamorarse. Desde la Licenciatura en Actividad Física y Deporte de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) se analiza este fenómeno y se forman profesionales para comprenderlo, desarrollarlo y potenciarlo.

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Por Hernán Hamra

Cuando correr deja de ser solo una actividad física y se convierte en una experiencia colectiva, el deporte empieza a jugar otro partido. Ya no se trata únicamente de mejorar marcas personales o sumar kilómetros semanales. El running y las nuevas prácticas deportivas funcionan hoy como espacios de encuentro, construcción de vínculos y nuevas formas de sociabilidad. Y si bien participar es una de las principales motivaciones, formarse para organizar y acompañar estos espacios sociales y deportivos representa también una importante oportunidad profesional.

Este fenómeno, que crece en parques, plazas y clubes de barrio, plantea un interrogante de fondo: ¿quiénes están preparados para pensar, coordinar y potenciar estas nuevas dinámicas del deporte en la sociedad contemporánea?



El deporte como hecho social

El auge del running social y de las actividades físicas grupales no es casual. Responde a cambios profundos en las formas de vida urbana, al impacto de la digitalización en los vínculos y a una creciente necesidad de construir espacios de encuentro reales.

Para el doctor en Sociología Rodrigo Daskal, docente de la Licenciatura en Educación Física y Deporte de la UNDAV, una de las claves para comprender este crecimiento es que el running suele estar asociado a valores diferentes de los que predominan en el deporte competitivo tradicional.

“Practicar running puede tener sentidos diversos. Es una manera de hacer deporte donde el peso de la actividad física, la salud o la idea de ‘sentirse bien’ pesa más que la de la competencia reglada”, explica.

Según Daskal, las motivaciones que impulsan estas prácticas son múltiples y suelen combinar dimensiones deportivas, sociales y recreativas. “Como toda práctica deportiva o de actividad física, los fines pueden ser diversos. Generalmente se solapan y el peso de cada dimensión, ya sea deportivista, social o lúdica, es materia de investigación tanto en una persona como en grupos sociales”, sostiene.

En ese contexto, el deporte aparece como una herramienta capaz de promover salud, inclusión, bienestar emocional y construcción de lazos sociales entre personas de distintas edades y trayectorias.



La fuerza de los vínculos

Si la sociología ayuda a entender por qué crece el fenómeno, la dinámica de grupos permite comprender por qué tantas personas permanecen en él.

La licenciada en Actividad Física, especialista en envejecimiento activo y saludable y docente de la asignatura Dinámica de Grupos y Procesos Motivacionales de la Licenciatura en Actividad Física y Deporte de la UNDAV, María Basavilbaso, señala que la motivación individual está profundamente ligada a las relaciones que se construyen dentro de los grupos.

“Podés tener una meta y un objetivo, pero si los que están a tu lado no te acompañan en intensidad y dirección, cuesta llegar”, afirma.

Desde su experiencia, el valor de estos espacios excede ampliamente el entrenamiento. Los grupos se convierten en ámbitos donde las personas conversan, comparten actividades, generan proyectos comunes y construyen confianza mutua.

“El encuentro presencial es fundamental para la interacción. Charlan, toman mate, hacen chistes, planean cosas, se pasan a buscar. La presencialidad es una variable fundamental en el proceso de motivación. Es saber que podés contar con el otro, saber que no estás solo y que te acompañan”, destaca.



Formarse para intervenir en una realidad que cambia

Lejos de ser un fenómeno espontáneo o improvisado, este nuevo escenario exige profesionales formados, capaces de comprender el deporte no solo desde el rendimiento físico, sino también desde sus dimensiones sociales, educativas y culturales.

La Licenciatura en Actividad Física y Deporte de la UNDAV propone una mirada integral sobre estos desafíos. En un contexto donde los clubes de running, los entrenamientos grupales y las propuestas deportivas comunitarias se multiplican, la formación universitaria permite:

● Analizar el deporte como fenómeno social y colectivo.
● Diseñar y coordinar proyectos deportivos con impacto comunitario.
● Comprender el vínculo entre actividad física, salud mental y construcción de redes sociales.
● Intervenir profesionalmente en organizaciones sociales, clubes, municipios, espacios educativos y políticas públicas.

En otras palabras, el mismo fenómeno que hoy llena parques y circuitos urbanos es objeto de estudio académico, planificación y reflexión crítica dentro de la universidad pública.



Del parque a la política pública

Los datos muestran que cada vez más personas encuentran en el deporte un espacio para socializar, pertenecer y construir identidad. Esto abre oportunidades laborales y de intervención que van mucho más allá del entrenamiento personalizado: programas de deporte comunitario, gestión de actividades físicas inclusivas, promoción de hábitos saludables y desarrollo territorial.

Desde la perspectiva de las políticas públicas, Daskal considera que el crecimiento de estas prácticas representa una oportunidad para fortalecer el tejido social.

“Tiene varias aristas interesantes, por ejemplo, cómo interactuar, apoyar y vincularse a una actividad que habilita valores que consideramos positivos para las personas y las relaciones sociales, como la salud, la sociabilidad y la generación de capital social”, afirma.

Pero para que estas experiencias sean sostenibles y verdaderamente inclusivas, también se necesitan profesionales capaces de gestionar grupos diversos y comprender las necesidades de quienes participan.

Basavilbaso explica que muchas veces el trabajo de coordinación va mucho más allá de la planificación deportiva. “A veces tenemos que cambiar todo el encuentro porque vemos que alguien está pachucho. Entonces se arman charlas, juegos o actividades distintas y el entrenamiento pasa a un segundo plano. Hay que tener cintura para eso y darse cuenta, porque muchas veces las personas no lo dicen”, señala la especialista.

La docente destaca además la importancia de generar entornos respetuosos, especialmente cuando conviven personas de distintas edades, experiencias y expectativas. La observación, la empatía y la capacidad de lectura grupal se vuelven herramientas tan importantes como los conocimientos técnicos sobre entrenamiento.



Universidad pública para una sociedad en movimiento

En tiempos donde el deporte se consolida como un lenguaje común, un punto de encuentro y una respuesta a la fragmentación social, estudiar actividad física y deporte en una universidad pública no es solo una elección académica, sino también una decisión social.

Para Daskal, este fenómeno constituye una oportunidad para reflexionar sobre las prácticas deportivas contemporáneas y su impacto en la comunidad. “Para nuestra carrera es una oportunidad más de reflexionar sobre nuestras propias prácticas y las prácticas sociales, para que el conocimiento y la ciencia nos permitan expandir nuestro horizonte social y, por lo tanto, el de la comunidad que habitamos”, sostiene.

Basavilbaso coincide en que la formación profesional debe contemplar las dimensiones humanas y vinculares del deporte. Por eso considera fundamental que los futuros profesionales incorporen herramientas vinculadas a la dinámica de grupos y los procesos motivacionales.

“Es fundamental que los estudiantes sepan cómo pararse frente a un grupo, cómo se va conformando, cómo motivar, cómo manejar ciertas ansiedades y, sobre todo, cómo observar y no solamente mirar”, explica.

Porque detrás de cada grupo de runners que se reúne al atardecer, de cada entrenamiento colectivo y de cada comunidad que se construye en movimiento, hay una necesidad concreta: profesionales formados para acompañar, comprender y fortalecer esas experiencias. Y hoy, en Avellaneda, esa formación se construye en las aulas de la UNDAV.

23 de junio de 2026