Inclusión

Juventud y Universidad

Cuando acompañar también es garantizar el derecho a estudiar

Un reciente informe sobre la vulnerabilidad social de los jóvenes pone en foco los desafíos de la educación superior. En la UNDAV, la Secretaría de Bienestar Universitario impulsa políticas de acompañamiento para garantizar el derecho a estudiar, permanecer y graduarse.

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Por Hernán Hamra

El dato encendió una señal de alerta. Casi uno de cada dos jóvenes argentinos de entre 18 y 29 años atraviesa hoy situaciones de vulnerabilidad social. El informe elaborado por la Universidad de Buenos Aires (UBA) pone cifras a una realidad que impacta sobre miles de estudiantes y abre un interrogante que las universidades nacionales enfrentan cada día: ¿alcanza con garantizar el ingreso a la educación superior cuando las condiciones materiales ponen en riesgo la permanencia?

En la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV), esa realidad se observa todos los días desde la Secretaría de Bienestar Universitario, área que se transformó en una de las principales puertas de entrada para conocer las dificultades que atraviesan los y las estudiantes.

"Somos una de las primeras áreas donde aparecen las distintas vulneraciones de derechos que atraviesan nuestros estudiantes", explica Ignacio Garaño, secretario de Bienestar Universitario de la UNDAV. Para Garaño, el área funciona como "un termómetro muy cercano" de las problemáticas sociales que impactan en la comunidad universitaria.

La escena se repite de distintas formas. Estudiantes que necesitan una beca para sostener la cursada, jóvenes que tienen dificultades para afrontar el costo del transporte, personas que deben combinar extensas jornadas laborales con el estudio, madres y padres que necesitan resolver el cuidado de sus hijos e hijas o estudiantes que atraviesan situaciones de angustia y ansiedad.

Para Garaño, la vulnerabilidad social no puede pensarse únicamente desde la falta de ingresos. "Los obstáculos que tienen nuestros estudiantes no tienen que ver con dificultades en poder estudiar en sí, sino con un montón de determinantes y condicionantes que tienen que ver con lo social, con lo económico, con los padecimientos vinculados a la salud y también con políticas de Estado que están fallando o que no están llegando a nuestros estudiantes", señala.



Uno de los indicadores que observa la Secretaría es el crecimiento de la demanda de becas. La UNDAV cuenta con programas nacionales y también con becas financiadas con recursos propios, como las becas cursar y las destinadas a estudiantes de educación a distancia, que buscan complementar las políticas públicas existentes.

Sin embargo, el escenario económico actual complejiza la permanencia. Muchos estudiantes deben trabajar más horas para sostener sus ingresos, en empleos precarios o mediante plataformas digitales. "Para llegar a un salario mínimo muchas veces tienen que trabajar muchísimas horas por día, y eso también atenta contra la posibilidad de sostener la cursada", explica Garaño.

La problemática habitacional aparece también como una de las situaciones más críticas. Desde Bienestar Universitario registran casos de estudiantes que perdieron su vivienda y continúan intentando estudiar mientras atraviesan condiciones de extrema vulnerabilidad.

Frente a esas situaciones, la Universidad no puede resolver por sí sola todos los problemas, pero sí construir redes de acompañamiento. "Los derechos no se pueden ver de manera aislada. Si yo no tengo derecho al trabajo, a la vivienda o a la salud, por más que haya universidad pública, gratuita y cerca de mi casa, voy a tener otros problemas previos para poder pensar en ir a estudiar una carrera", sostiene Garaño.



Por eso, una de las estrategias centrales de la Secretaría de Bienestar Universitario es la articulación con otros organismos e instituciones. La Universidad trabaja con el sistema público de salud, organizaciones vinculadas al acceso a la vivienda y distintas áreas estatales para acompañar situaciones que exceden el ámbito estrictamente educativo.

La salud mental es uno de los campos donde esa realidad se volvió más visible. Luego de la pandemia, la UNDAV creó espacios específicos de escucha y un programa de políticas integrales en salud mental con equipos interdisciplinarios conformados por profesionales de distintas áreas.

"Tenemos situaciones todas las semanas donde nos avisan que hay un estudiante atravesando una crisis más aguda en relación a la ansiedad y a la angustia", cuenta Garaño. Según explica, muchas de esas situaciones no responden solamente a una problemática individual, sino a un contexto social atravesado por incertidumbres económicas, dificultades familiares y falta de acceso a derechos básicos.

La Universidad también detecta esas señales a través de distintas redes internas. Los tutores y tutoras pares, la Secretaría Académica, docentes, directores de carrera, nodocentes y el Programa de Accesibilidad y Discapacidad forman parte de un entramado que permite identificar dificultades antes de que deriven en el abandono.

"Muchas veces el gran sostén es el propio compañero y compañera. Entre los estudiantes muchas veces se sostienen porque hay un componente anímico fuerte, un contexto que te baja, que te hace pensar que no vas a poder", explica Garaño.

Esa mirada integral también redefine el lugar de la universidad. Para el secretario de Bienestar, la institución dejó de ser solamente un espacio de formación académica para convertirse en una comunidad de pertenencia.



"La universidad no es solo un espacio donde uno viene a estudiar. Es un espacio de pertenencia, que forja identidad, que contiene y escucha. Muchas veces termina siendo nuestra segunda casa", afirma.

Como ejemplo, recuerda una situación que quedó marcada dentro del área. Una estudiante sufrió un accidente de tránsito en las inmediaciones de la UNDAV y, en lugar de dirigirse directamente a un centro de salud, caminó hasta la sede donde cursa buscando ayuda.

"Frente a una situación traumática, caminó hasta la UNDAV porque era el espacio que sintió que la podía cuidar", relata Garaño. Para él, esa escena resume el valor simbólico que tiene hoy la universidad pública para muchos estudiantes.

La experiencia cotidiana de la Secretaría de Bienestar Universitario muestra que garantizar el derecho a la educación superior implica mucho más que abrir las puertas de las aulas. Para miles de jóvenes, estudiar también supone resolver problemas vinculados con el trabajo, la vivienda, la alimentación, los cuidados familiares o la salud.

El informe de la UBA aporta el diagnóstico. La experiencia de la UNDAV muestra una respuesta construida desde el acompañamiento. Allí donde la vulnerabilidad social amenaza con interrumpir proyectos de vida, la Universidad busca generar redes y condiciones para que ingresar a una carrera no sea apenas una oportunidad, sino un camino posible hasta la graduación.

Porque detrás de cada estudiante que logra permanecer no hay solamente una decisión individual. Hay también una comunidad que acompaña.

06 de agosto de 2026